Demasiadas horas han pasado ya, y yo sigo recayendo aún en las palabras que nos susurrábamos, y la imagen de tus labios al verme. Llámame tonta, porque cualquier persona en su sano juicio hubiera dejado este automaltrato hace bastante tiempo ya, y sin embargo, aquí me tienes, rendida ante el leve recuerdo que me queda de tu olor como si la vida nos hubiera unido en un único camino por el que ninguno de los dos estaría dispuesto a pasar más de lo que suponen tres polvos tontos, porque sería demasiado claro, demasiado arriesgar para lo poco que vale hoy, la magia que tus ojos hablan, tu mano rozando sin querer la mía, claro, el amor.